…y yo no tengo casa a donde ir
Este blog no tendrá nada qué decir en las próximas muchas horas.
En Monterrey llueve, mucho, y su dueño está hecho una sopa emocional.
Im fucked a un nivel que me es preocupante.
(Bien decía Gamma… la verdad es que cuando se está en el suelo…aún se le puede escarbar más)
Se agradecerán las muestras de cariño.
Hace un chingo de frío en esta cama.
Y yo no tengo nada qué decir. O cómo decirlo…
Gracias.

Saquen las biblias y los crucifijos. Dios es mujer (o gay, perspectiva), duerme con el mismisimo Satánas (u otro cuernudo, perspectiva) y el famoso septimo día (el día en que dios descansó e hicimos todo mierda, perspectiva) atendió el llamado a una cama tentadora con el mismismo señor del mal (que cuando menos, lee, perspectiva), quien decide terminar el trabajo (¿o mejorar?, perspectiva)
Esto explicaría muchas cosas…
Del genial archivo de Dosís Diarias, de Albert Montt. ¡Una joya!
Me quedé a ver si aparecías por el umbral de la cocina con dos botes de chocolate hershey’s que habrías sacado del refrigerador. Llamé para avisar, para mentirle a mi jefe y decirle que desde casa podía avanzar lo pendiente. La verdad, si estuvieras aquí, yo no trabajaría.
Me quedé a contarle los segundos al reloj de la casa que te está esperando. A pensar en los comos y las formas en que mi cuerpo rozaría el tuyo si estuviéramos en una cama para dos. Me quedé a inventarte, a jugarme la vida contra el tiempo, a soñar que podías estar aquí cuando te es más imposible.
Me quedé a descansarte, a soñarte. A desvestir tu sombra ya desnuda por la necesidad que me palpita el tiempo. Me quedé a buscarte, a ver si te encontraba entre los escombros. Tal vez en la cocina preparando tallarines, tal vez en la ducha exfoliando los bordes de tu cuerpo ensimismado. Tal vez en todo, tal vez en nada.
Me quedé esta tarde en casa para ver si aparecías. Para esperar a que entraras por el umbral de nuestro cuarto imaginario. Para retorcerme del deseo en una cama que ya no es solo mía.
Mía, mía toda tú.
Tanto tiempo, tanto espacio,
tantos huecos que me sobran,
la cama está gritando tu nombre.
Tantas sabanas, esperando mojarse,
y las ventanas…empañarse… de tus labios.
Tanto espacio esperandote a ti.
-en exclusiva-
Las heridas, te van nombrando
van sonando tanto a ti
van doliendo tanto aquí
sin tu sombra.
Tantos sueños, tantos besos,
tantas caricias que me sobran
la cocina quiere vernos hacer el amor,
sobre la alacena,
las gotas de la ducha,
mueren en mi cuerpo,
queriendo rodar por el espacio
que se forja,
entre cada uno de tus pechos,
mi casa quiere saber a qué sabe beberte a ti.
Tanto tiempo, tantas horas,
el reloj no tiene la culpa de que le estemos dando distancia,
de que le robemos minutos de desgracia,
por solo estarnos pensando.
Tanto espacio malgastado…
Uys,lluvia, mis días favoritos del año.
Tienen un no sé qué que no sé cómo que me encantaaaa.
Voy yo muy lento en estos días, vale madres que me moje, ves a toda la gente correr y chocar unos con otros por las prisas, en el metro y en las paradas de los autobuses, y uno, solo observa, te bebes las gotas como si fueran pedacitos de ilusión, o de nostalgia -que también hay pa’ los despechados-, te mueves entre todos, y al final, llegas empapado, con una sonrísa o un corazón roto. No importa, llovió, la ciudad es un charco gigante, y aunque me hizo falta algo -siempre hace falta algo-. reí.
Y a la mañana siguiente los estragos. Yo me visto de vestir (valgame la redundancia), porque está fresco y no me da calor ponerme el saco. Yo celebro la cruda amanecida de nostalgia sin su amor. Yo festejo caminando más despierto que de costumbre, observando los pedazos rotos de lo que dejó apenas una nubecita que se asomó. Ya veo el choque a mi izquierda por el asfalto mojado, ya veo las bancas del otro lado abandonadas porque ni los más enamorados se sentarían sobre esos metales empapados. Ya vas viendo todo, y sigues ríendo.
Hoy, Mr.S no despertó temprano a tocarme una melodía. “No importa Mr.S, dediquese a descansar, si es que el hambre no le juega una mala pasada. Hoy no es necesario”, porque hoy la ciudad está mojada, y la nostalgia vendrá, toque o no usted su jazz melodioso. Hoy usted no es necesario. No para mi.
¡Llovió en Monterrey muchachada, y ya lo necesitabamos! Pa’ limpiar un poco las heridas, pa’ deshacerse uno de todo lo malo. Pa’ hacer como que vale la pena otro despertar, pa’ ver si hoy Monterrey amanece diferente.
Aunque lo “diferente”, aún no vendrá.
(Esperemos vengan más lluvias anuncia Sampayo Climaco… reportero del aire!)

Pues el asuntito está de moda, pero no pude evitarlo. Se ve simplemente genial.

Mañana info sobre mi excelente fin de semana…
Saludos!!!
“”pasando precisamente seguir tocando…” x)
23 Jul
Posted by: solidneos in: Cotidianeidad, Rollazos
Yo si viviría en Urbania, lo juro. Aún y con el probable ruido (que no estoy seguro que se sienta tan cabrón por la altura y con un buen sellado de los departamentos) y el desmadre que hay por las tardes en Morelos, yo si viviría en Urbania. No lo haría por lo mucho que me gusta la ciudad (esta y las ciudades en general), ni por lo cercano que me queda del trabajo ni por las posibilidades de caminar unos metros y llegar a Barrio Antiguo (un punto especial para mi, y no precisamente de noche).Lo haría por el señor del saxofón.
Justo al pie del edificio que albergará este proyecto, todas las mañanas y las tardes, se para un saxofonista. Deja su estuche en el suelo, saca un saxofón algo viejo y se decide a tocar algunas piezas. No es precisamente Paquito de Rivera o Marcele Mule pero hace lo suyo.
Este señor detiene el mundo (cuando no se me ha hecho tarde y voy con prisa) a eso de las ocho de la mañana en Plaza Morelos. Luego lo hace también cuando salgo del trabajo y toca una pieza con su saxofón antiguo justo cuando lo necesito. A veces procuro dejarle unas monedas en el estuche que permanece bastante vacío a su costado y muy cerca de la entrada de una tienda departamental de ropa para mujeres.
Hoy con la amenaza de Dolly y mi salida del trabajo un poco antes por consideración de la empresa me detuve un instante frente a él. Dejé algunas monedas, y me disponía a continuar mi camino cuando me arrepentí de ir con tanta prisa. Total, el huracán ni siquiera ha llegado (y ya casi es de madrugada). Dí la vuelta, observé un poco y encontré una solitaria banca justo enfrente del complejo. Me senté.
Entonces me puse a esperar. Esperaba que el huracán llegara y se llevara toda la pinche ciudad sin avisarme. Esperaba que un monito se apareciera frente a mi y se llevara todos mis malviajes, esperaba una pieza reconocible que saliera del saxofón del hombre en cuestión, esperaba. (Y la verdad es que esperaba otros datos que no puedo escupir ahora…)
Esperaba y mientras Mr.S (por ponerle un nombre) tocaba y se detenía a momentos interrumpido por el fucking regaetoon (o como carajos se escriba) que salía del Mixup contiguo a los departamentos. Se quedaba mirando a la gente, y yo lo acompañaba con la vista, como preguntandose por qué carajos seguía tocando si nadie lo pelaba (aunque tal vez esta duda es enteramente mía)
Seguí esperando las clásicas señales. Se han vuelto pan de cada día en mi caminar hacia la casa y ya no me agarran por sorpresa, más bien se limitan a dibujarme una sonrisa y seguir su camino. Ya no las espero con ansiedad, he aprendido a manejarlas, a atraerlas, a decirles “Hola” con los ojos y agradecerles seguir pasando por mi vida.
La del día llegó bajo el caminar y la actitud de un hombre que pasó frente a mi banca. En él te encontré en esta noche tormentosa. Me limité a entenderlo y a ignorar su mirada mamona, total, Mr.S estaba tocando algo realmente delicioso. Seguí mirando gente ya no buscando señales sino divagando -una actividad muy divertida que realizo de vez en cuando- sobre sus vidas y hacia dónde van y el por qué caminan con tanta prisa. Veo al adolescente perfil “Juego WoW todo el día”, a la chica fresa en Mixup y al tipo fortachón con olor a mierda y me rio de los estereotipos. Sigo escuchando a Mr.S.
Él termina, y yo quedo saciado. No me sirvió de mucho pues aún prevalece la sensación que me ha acompañado todo el día de soledad empedernida pero al menos escuché un poco de sax. Me preguntan la hora, la doy, y me paro subitamente. Sigo mi camino y me despido de Mr.S con la mirada.
Luego, la marejada. Así le llamo. Pasa cuando dejo de buscarte y entonces apareces en todos lados. Es una mentada de madres pero la disfruto y me entrego en su totalidad a su suicidio kamikaze (de esos emocionales, ¿recuerdas?). Apareces en el blogging this sobre fondo negro, en la pelota feliz y en los cielos enteramente rosas. Se me viene encima y no opongo resistencia. En el camión de Coca Cola estacionado frente a Interplaza, en las oficinas de VivaAerobus que adornan mi paisaje mientras espero el R1, en Julieta Venegas cantando la misma canción una y otra vez en todas las estaciones de radio.
Entonces vale la pena la espera, la espera diaria. El ir y venir al mismo lugar y estar a expensas de lo que suceda en 24 horas, de la cantidad de besos anotados. Entonces todo vale la pena. Las monedas en el estuche de Mr.S y el huracán que nunca llegó. Todo vale la pena, aunque la gente crea lo contrario.
Yo si viviría en Urbania, pero solo por Mr.S. Por lo demás, mi destino está en otro lado. Los departamentos son para solitarios, y hace rato que no disfruto estar así.
No ha existido tiempo
ni hora más eterna
que la que pasó
entre nuestros brazos,
sangrando de la idea,
de que avanzaba ese reloj.
No existirá arrepentimiento,
más fatidico en mi instinto,
que el sonido de tus pasos,
y lo dudoso de los míos,
andando en direcciones distintas.
No habrá duda, ni imposible retrato,
ni descaro más amargo,
ni sonrisa más eterna.
No habrá nada.
Hasta que den las siete en el reloj.
(y la verdad no es publicable en este sitio)
Salud!
¿Ingrediente faltante?
Tú lo sabes
-y eso no se vale-
No no (8)
Tú necesitas una excusa,
lo suficientemente valiente,
como para esconder tu cobardía.
Te escondes detrás de tus propios
platos rotos,
esperando a que pase la agonía,
como por arte de magia.
Ella necesita ese beso,
la mirada abrazadora a las séis de la mañana
de apenas casi tres años de distancia.
Ella necesita esas risas,
ese corazón inocente,
que ese rostro permanezca feliz y sostenido.
Y nada más.
Él necesita de un abrazo,
de correr feliz detrás de una pelota,
de encontrarlos dispuestos y enamorados,
y sentirse seguro así pasen las horas.
Él no necesita mucho más que saberse feliz.
Entre tanto…
Yo, yo me reservo mi necesidad
-se hace muy obvia conforme va pasando el tiempo-
(e influye en noches de suspiros prolongados,
de heridas que me sangran,
en esta distancia infeliz)